Aromas de Varón Dandy

Supongo que por culpa del chiste que te hice hace un par de semanas, esta me has devuelto la moneda con creces. La otra tarde al regresar del instituto me has dicho:

–Papá, te voy a contar un chiste.
–Venga, dispara –dije interesado.
–¿Sabes que me he comprado una litera nueva?
–¿Ah, sí? –respondí.
–Sí, abajo duermo yo y arriba España.

¿Queeeee? Mira, después del pasado fin de semana no estoy para bromas. Estoy hasta la coronilla de traidores, usurpadores, relatores, felones y, sobre todo, de bocazas irresponsables. La verdad es que me he quedado un tanto perplejo con tu chiste. Me he reído por compromiso. He cogido aire y no he podido menos que preguntarte si sabías lo que estabas diciendo. Me has dicho que sí, y que solo era un chiste. Yo te he pedido disculpas por mi reacción desmedida, pero es que llevo una temporada un poco sensible con esto de las derechas y las izquierdas, y no estoy yo para subirme a ninguna litera, y mucho menos a la de arriba.

Vivimos un periodo en el que la verdad es lo de menos. Un momento de polarización en el que no existen los matices. Y es que si dudas estás muerto. Es una época en la que abundan los políticos con aroma a Varón Dandy, tan machos y seguros de sí mismos, que se lo pasan en grande azuzando pasiones mientras enarbolan la bandera en nombre de la gente de bien. Por mi parte, he intentado explicarte lo que significa ser de izquierdas y ser de derechas y, como me suele ocurrir habitualmente cuando trato de explicar algo, he acabado liándome. Y es que no todo es blanco o negro. Y para alguien que vive inmerso en la duda metódica como yo, lo único importante es tener claro quién eres y de dónde vienes. Con eso basta, porque uno no enseña lo que sabe sino lo que es. Aunque a veces, como decía un viejo profesor de la Universidad, me dé cuenta de que evolucionar es simplemente cambiar de equivocación.

Desde que el mundo es mundo, la humanidad se ha dividido entre los que ostentan el poder y los que lo sufren. Eso ya lo explicó en el siglo XIX el economista y sociólogo italiano Vilfredo Pareto, cuando se dio cuenta de que únicamente el 20 % de la población de su época acaparaba el 80 % del poder económico. ¿Y esto qué quiere decir? Pues que el mundo ha cambiado muy poco desde entonces y unos pocos siguen teniendo mucho, mientras que la mayoría seguimos teniendo poco. En resumidas cuentas, el mundo no debería diferenciarse entre derechas e izquierdas, sino entre los que tienen y los que no. Y he aquí la gran contradicción. Nunca he entendido por qué si somos muchos los que tenemos poco, y si potencialmente la izquierda representa esa mayoría social, casi nunca gana unas elecciones. En este contexto es donde cobra sentido la frase que tu abuelo repite constantemente: «No hay nada más tonto que un obrero de derechas.»

Pero ¿por qué si las cosas son sencillas nos empeñamos en complicarlas? Yo tengo la sensación de que el mundo se rige por aquella frase del «insigne estadista» Mariano Rajoy que decía: «Cuanto peor mejor para todos y cuanto peor para todos mejor.» Y así van pasando nuestros días. Por un lado, los que defienden la bandera, la masculinidad, la patria y el odio a lo diferente, y por el otro, los que prefieren perder la oportunidad enzarzándose en inútiles luchas cainitas por el poder que no conducen a nada. Y en medio, la gran mayoría de siempre esperando a que unos y otros dejen de darse cera e intenten resolver los problemas que nos acucian. Sabes, hija, dialogar es tal vez la cosa más importante de esta vida. ¿Y sabes por qué? Pues porque mientras escuchas no hablas. Y es entonces cuando te das cuenta de que tu opinión no es la única. Eso lo he aprendido gracias a la música. En una sinfonía cada instrumento tiene su momento para hablar, y mientras uno hace un solo, el resto calla y se prepara para cuando le toca a él dar la réplica con argumentos. Y cuando hay que tocar juntos, tocan, y cuando toca callar, se callan. Y es en ese momento cuando se produce esa maravilla sonora cercana al orgasmo.

La única verdad que conozco es mirar a mi alrededor y ver lo que pasa. Y cada vez que te miro, tengo el presentimiento de que puedo confiar plenamente en tu generación para cambiar el rumbo de este desaguisado. Hoy hemos escuchado el pregón de la Infancia con motivo de la festividad de Santa Eulàlia, donde 887 niños y niñas de 19 centros educativos barceloneses han escrito y leído lo siguiente: «En la escuela todo mola si no vas a tu bola. Decidir puede ser divertido si lo hacemos todos unidos.» Qué gran lección de est@s niños y niñas de entre 8 y 11 años. ¡Cuánto nos queda por aprender! De vosotr@s depende la sociedad del mañana. No nos falléis, A día de hoy, la convivencia está en coma. Esperemos que gracias a vosotr@s no evolucione hasta el punto final.

Música: Pulp (1995). Common People. En Different Class [CD y descarga digital]. Reino Unido. Polygram.

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