Nunca digas no a nada

Como cada año por estas fechas se han hecho públicas las nuevas palabras que entrarán a formar parte de la nueva edición del Diccionario de la Real Academia. Entre ellas, destacan escrache, meme, viral, viagra, abrumante, ciberarte, subtrama, selfi o feedback. No obstante, lo que más me ha llamado la atención han sido los términos más buscados durante el año en la edición digital de dicho diccionario. Siempre he creído que nuestras dudas, más que nuestras certezas, son las que mejor nos definen. Así, en el apartado de verbos destacan haber, ir, hacer, ser, dar, ver y estar. Por su parte, el adjetivo más requerido ha sido fácil, y los sustantivos más solicitados son resiliencia, feminismo y cultura. Interesante, ¿no? Se ve que estos son los vocablos que más necesitamos refrescar su significado en algún momento de nuestra vida.

Yo, la verdad, si tuviera que elegir una palabra para definir este año que termina elegiría el adverbio NO. NO es NO, NO a Europa, NO a la corrupción, NO a la Constitución, NO a la precariedad, NO a España, NO a la violencia de género, NO a la monarquía, NO al Brexit, NO al populismo, NO a los presupuestos, NO a las fronteras, NO al independentismo, NO al dialogo. En resumen, NO a todo. Pero, a pesar de ello, todos sabemos por experiencia que decir NO nunca es fácil. Especialmente cuando te encuentras en una posición de desventaja. Normalmente, cuando estás en esa situación, lo más sencillo es no decir nunca no a nada para no perderte ninguna oportunidad. Sin duda alguna esta frase es la que toda persona que se desplaza de un lugar a otro en busca de una oportunidad lleva grabada en su mente. Lo peor de todo es que la emigración siempre camina de la mano de su hermana mayor la precariedad.

Dejar un lugar para ir a otro es para muchas personas una forma de mejorar o, al menos, de buscar una oportunidad empezando una nueva vida. Sabes, hija, tu papá también emigró un día buscando esa oportunidad para cumplir su sueño. Y también llevaba escrita en la frente la frase “no decir nunca no a nada”. No tuve que atravesar el Sahara, ni el Estrecho en una miserable patera. No tuve que jugarme la vida, pero sí tuve que dejar atrás muchas cosas que en su momento no reconocí pero que, con el paso del tiempo, estoy tratando de recuperar. Al igual que Laura Luelmo yo también creí un día en un proyecto de vida ilusionante. Sí, Laura, la joven profesora de Zamora brutalmente asesinada recién llegada a la provincia de Huelva para hacer una suplencia. Su sueño, como el mío en su momento, le llevo a atravesar España para, tras haber aprobado las oposiciones, sumar puntos para hacerse con una plaza fija.

Esta semana he viajado con Laura a ese frío día de noviembre en el que llegué a León con ganas de comerme el mundo, con los nervios propios de todo lo que comienza. He recordado mi primera noche en la triste habitación de una pensión iluminada por una bombilla de 40 vatios. Y después mi salto a Catalunya. Otro idioma, otro reto. Y he recordado, mi ilusión, mi rabia y mi impotencia. Emigrar puede ser la solución para una nueva vida más feliz. Aunque a veces no sea necesario jugarse la vida cruzando el Estrecho para perderla, especialmente si eres mujer. Son pequeñas cosas que aún no sé cómo explicarte pero que sé que, a pesar de tu corta edad, ya empiezas a reconocer. Lamentablemente, ser hombre y ser mujer no es lo mismo, y no me estoy refiriendo exclusivamente a las diferencias anatómicas. Con el tiempo aprenderás que ser mujer es más difícil, porque para muchos hombres la mujer es solo una cosa, un simple cuerpo del que disponer.

Me gustaría creer, que al igual que cada año el diccionario se da un respiro y reflexiona sobre aquello que ha pasado en el mundo para tratar de definir aquello que aún no tiene nombre, o redefinir lo que ya lo tenía para ajustarlo a la realidad, nosotros pudiéramos plantearnos qué no estamos haciendo bien en la educación de nuestr@s hij@s. Especialmente en lo referente a la educación de género y en la reconstrucción de la masculinidad. Sé a ciencia cierta que un día volarás del nido y ojalá, cuando llegue ese momento, todo haya cambiado y puedas moverte por el mundo sin sentirte amenazada. Ojalá ese día hayamos conseguido enseñar a los monstruos a no serlo, en vez de seguir enseñando a nuestras hijas a no volver a casa por calles poco transitadas.

Música: Alec Duffy (2007). Every Day is Christmas. EE.UU. Asthmatic Kitty Records.

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