La vida de nadie

Hace ya dos meses que tienes móvil y sigo tratando de asumir que cada vez eres menos niña. Sé que es lo que toca, pero me cuesta aceptar la realidad. Sin ir más lejos, el otro día me preguntaste:

–Papá, ¿me tienes como contacto en el móvil?
–Pues claro, mujer.
–Y a mí que soy tu hija no me pondrás también con dos apellidos como a tus amigos, ¿no?

Pues me temo que no te vas a librar. ¡Qué le voy a hacer! A mí me gusta recordar a la gente por su nombre y sus dos apellidos. Ya sé que es algo que no se lleva, pero la vida tiene esa matemática emocional que nos conecta con los recuerdos más antiguos. Será porque crecí en una sociedad en la que a los ministros se les conocía por los dos apellidos: López de Letona, Utrera Molina, Fernández Cuesta, López Rodó, Oriol y Urquijo, Fraga Iribarne, Arias Navarro. Y qué no decir de los árbitros: Guruceta Muro, Urízar Azpitarte, Soriano Aladrén, Mejuto González, Condón Uriz, Andújar Oliver, Undiano Mallenco, Iturralde González. Tal vez de ahí me viene esa manía de usar siempre los dos apellidos y, a decir verdad, me siento especialmente orgulloso de esa costumbre porque con el tiempo la vida empieza quitándote un apellido y acaba por quitarte hasta el nombre.

Odio especialmente que la gente a la que no conozco me llame por mi nombre de pila. Pienso que llamar a alguien por su nombre, sin apenas conocerlo, suele llevar implícita una clara intención de condescendencia. Además de un trato paternalista y, por qué no decirlo, un cierto menosprecio. No sé si lo sabes, pero España y Portugal son los dos únicos países europeos en los que a l@s niñ@s se les inscribe al nacer con dos apellidos en el Registro Civil. De hecho, en todo el mundo, son únicamente los países de habla hispana los que mantienen la costumbre de conservar el apellido del padre y de la madre.

El nombre es esa mágica palabra o conjunto de palabras que sirve para identificar a las personas, los animales y las cosas. Además, tiene la utilidad de designar a las personas para individualizarlas y distinguirlas unas de otras. Recuerdo que cuando tenía tu edad había un cura en mi colegio que siempre nos decía que Adán, el primer ser humano creado por Dios, había sido el primer poeta de la historia ya que fue el encargado de poner nombre a todos los animales de la Tierra. ¿Te imaginas que trabajón?

Pero, ¿cómo se nombra a los innombrables? A los invisibles. A los que no queremos ver. Esta semana se suicidó en Madrid una mujer de sesenta y cinco años porque no podía pagar el alquiler de su vivienda. Y es que, aunque nos quieran convencer de lo contrario, la crisis sigue campando a sus anchas entre nosotros. Otra cosa es que nos tranquilice mirar para otro lado y hacer ver que «eso» solo les pasa a los otros. Según el Ayuntamiento de Madrid no se tenía constancia de que el desahucio se fuera a producir. Aparentemente nadie conocía su caso. Y yo me pregunto, ¿cómo se puede llegar al extremo de que nadie haya podido evitar un trágico final como este? Me resulta increíble admitir que una sociedad tan altamente digitalizada como la nuestra, que se alimenta de datos masivos generados por todo tipo de fuentes de información, pase por alto las cosas que realmente son importantes.

Nunca hemos llegado a ser tan anónimos e insignificantes como hasta ahora. Según dicen los expertos, España es un país singular ya que nuestra manera de vivir nos hace únicos. Tal vez por eso seguimos registrando a nuestr@s hij@s con dos apellidos y, seguramente, como decía la campaña de Aquarius, somos un país en el «que nos morimos por vivir». Siempre me he considerado un hombre afortunado, aunque con pocos méritos, pero ¿sabes qué? Ahora más que nunca seguiré usando los dos apellidos en los contactos de mi agenda para así recordar como se merecen a los que están, y tratar de poner nombre a lo que no lo tiene. Porque pienso que no hay nada más triste en este mundo que morirse por algo tan simple como intentar vivir de una manera digna.

Música: James Blunt (2004). High. En Back to Bedlam [CD y descarga digital]. EE.UU. Atlantic, Custard Records.

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