Pienso en tu mirá

Tú sabes bien que en casa, a pesar de no ser nada religiosos, tenemos cuatro sacramentos. Cuatro actos mediante los cuales manifestamos nuestro amor infinito por la belleza. Son la música, la lectura, el cine y la radio. Bueno, para hacer honor a la verdad he de reconocer que últimamente se está incorporando un quinto elemento: el fútbol. Y, como dicen los taurinos, no hay quinto malo. Suele decirse que las aficiones unen, pero estos elementos mal usados encierran en sí mismos la horrible venganza de crear brechas insalvables. Si miro atrás y pienso en grupos musicales, canciones, escritor@s, libros, películas, actores o actrices… no recuerdo ninguno que haya compartido con mis padres (salvo Miguel Delibes). Es más, estos cuatro elementos han sido, tradicionalmente, donde hemos tenido nuestros mayores desencuentros: “qué haces leyendo tebeos”, “esa música es puro ruido”, “donde se cree que va ese con esas pintas” o “haz el favor de bajar el volumen de esa matraca” formaban parte de la banda sonora de mi hogar.

Creo que llevamos ya dos meses encerrados en la academia de OT y para mí, que he huido siempre del mainstream de las tendencias mayoritarias, ya se me está haciendo un poco largo. A pesar de ello creo que, si te lo propones y estás dispuesto a dejarte llevar, es una ocasión servida en bandeja de plata para empatizar con tus hij@s. Lo mismo que yo he utilizado las canciones que cantaban l@s aspirantes para presentarte los temas originales, tú no has perdido la ocasión para deslumbrarme con la sensación del momento. Y cuando se produce esa chispa que rompe la barrera del espacio-tiempo surge la mágica de la conexión intergeneracional.

Llevo todo el mes sin sacarme de la cabeza el estribillo de Rosalía “Pienso en tu mirá, tu mirá, clavá, es una bala en el pecho”, y me suena como un déjà vu de aquel de Lole y Manuel que cantaba yo a finales de la década de 1970: “Y tu mirá se me clava en los ojos como una espá”. Hay algo más de cuarenta años entre uno y otro pero, una vez más, la magia de la memoria los ha fundido en uno en mi cerebro. No podré agradecerte nunca lo suficiente el que me hayas descubierto a la artista barcelonesa Rosalía. Desde hace un mes vivo con el sinvivir de la excitación que se siente cuando has escuchado algo único y diferente.

Rosalía ha creado un universo propio en todos los sentidos, en el que ha mezclado el flamenco, el trap, el blues, la electrónica y el funk. Pero lo que más me fascina de ella es que dentro del fenómeno hay una persona que aplica la ética a su vocación, con la cabeza muy bien amueblada, que disfruta con lo que hace, que valora las cosas, que conoce sus raíces y que es consciente de que el éxito se construye con dedicación, pasión y echando trabajo, mucho trabajo. Cuando descubres alguien así, puedes intuir claramente que lo que estás viendo y escuchando no es ni será flor de un día.

Hija, perteneces a la primera generación que ha nacido y está creciendo con internet. Cada día ves el mundo abierto de par en par ante tus ojos. Mi generación no tuvo la misma suerte. Yo me crié en una sociedad en la que el mundo estaba al otro lado de una pantalla y nosotros, pobres mortales, nos limitábamos a consumirlo desde el lado de acá. Decían que la pantalla era en blanco y negro, pero yo la veía en maravillosos colores, era el mundo que me rodeaba a tu edad el que estaba teñido en blanco y negro. Tú vives delante de esa pantalla que, para bien o para mal, es interactiva, con todo lo que ello implica. Una pantalla que provoca cambios en ambas direcciones. Una pantalla que se diluye, y a través de la que todo el mundo puede consumir, pero también crear. Una pantalla que se convierte en un espejo en el que te puedes mirar y decir: ¡Caramba, yo también puedo hacer eso! La barrera entre el que crea y el que consume se ha disuelto y ahora los dos están del mismo lado. Cuando veo casos como el de Rosalía pienso en la suerte que tienes, porque cuentas con todos los medios a tu alcance y si tú quieres y sabes, puedes.

Me horroriza escuchar aún a día de hoy afirmaciones como: “los jóvenes no se esfuerzan”, “esta juventud está perdida” o “ellos sí que lo tiene fácil, no como nosotros”. No deberíamos sorprendernos de que los jóvenes se sientan despreciados, controlados y, sobre todo, juzgados. Solo hay una cosa cierta, ambos nos necesitamos, y si queremos motivar el diálogo y una relación sana entre generaciones hemos de escucharnos mutuamente, crear vínculos y mostrar interés por quien nos habla. Respetar los cambios generacionales siempre es complicado y cuesta, ya lo creo que cuesta pero, como ha sucedido desde que el mundo es mundo, tratar de entender el presente es la única manera de afrontar el futuro.

Música: Rosalía (2018). Pienso en tu mirá (Cap. 3: Celos). En El mal querer [CD y descarga digital]. España. Sony Music.

Fotografía: ©Cristina García Rodero.

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